José Kozer gangway #40 – Expatriations
Four poems © 2010 by José Kozer and gangan.com

Translated by Mark Weiss and Christopher Winks

 

Te acuerdas, Sylvia

Te acuerdas, Sylvia, cómo trabajaban las mujeres en casa.
Parecía que papá no hacía nada.
Llevaba las manos a la espalda inclinándose como un rabino
            fumando una cachimba corta
            de abedul, las volutas de humo
            le daban un aire misterioso,
comienzo a sospechar que papá tendría algo de asiático.
Quizás fuera un señor de Besarabia que redimió a sus siervos
            en épocas del Zar,
o quizás acostumbrara a reposar en los campos de avena y
            somnoliento a la hora de la criba
            se sentara encorvado bondadosamente
            en un sitio húmedo entre los helechos
            con su antigua casaca algo deshilachada.
Es probable que quedara absorto al descubrir en la estepa una
            manzana.
Nada sabía del mar.
Seguro se afanaba con la imagen de la espuma y confundía las
            anémonas y el cielo.
Creo que la llorosa muchedumbre de las hojas de los eucaliptos
            lo asustaba.
Figúrate qué sintió cuando Rosa Luxemburgo se presentó con un
            opúsculo entre las manos ante
            los jueces del Zar.
Tendría que emigrar pobre papá de Odesa a Viena, Roma, Estambul,
            Quebec, Ottawa, Nueva York.
Llegaría a La Habana como un documento y cinco pasaportes, me lo
            imagino algo maltrecho del viaje.
Recuerdas, Sylvia, cuando papá llegaba de los almacenes de la calle
            Muralla y todas las mujeres de
            la casa Uds. se alborotaban.
Juro que entraba por la puerta de la sala, zapatos de dos tonos, el traje
            azul a rayas, la corbata de
            óvalos finita
y parecía que papá no hacía nunca nada.

 

Sylvia, Do You Remember

Sylvia, do you remember the women of the house, how hard they
            worked.
It always seemed that father did nothing.
Smoking his short birch pipe hands clasped behind him he paced like
            a rabbi, mysterious in a cloud of smoke.
Looking back it seems to me there was something asiatic about him.
Maybe he had been a lord of Bessarabia who had freed his serfs in the
            days of the Czar,
or perhaps he would rest in the oat fields and at threshing-time
            sleepily would sit bent forward in his threadbare
            coat in a damp place among the ferns.
I imagine he’d become transfixed upon discovering on the steppe an
            apple.
He who knew nothing of the sea.
Doubtless he would struggle with the image of foam, confusing
            anemones with sky.
Even the weeping mass of eucalyptus leaves would have frightened
            him.
Imagine then what he must have felt when Rosa Luxemburg, tract in
            hand, appeared before the Czar’s court.
Forced to emigrate from Odessa to Vienna, Rome, Istanbul, Quebec,
            Ottawa, New York.
Weary of traveling poor father would arrive in Havana like one
            document and five passports.
Do you remember his return from the Muralla Street stores, the women
            of the house quivering with excitement.
I swear to you that when he entered through the livingroom door in
            two-toned shoes a striped blue suit and a thin tie
            decorated with ovals
it would seem that papa had never done anything.

Translated by Mark Weiss.

 

Don

Un hombre es una isla, camina a paso tendido por

sus propios islotes, guano.
Refiérelo al aire y desciende
a su Anunciación. En el
Verbo tergiversa a la primera
persona. Ya se le ve, es él,
lo ejemplifica yo, ya se asusta:
canguelo, calambrica. No es
un hombre una isla cualquiera,
Cuba: es una isla rodeada de
agua por todas partes menos
por una: viejos eran ya los
chistes del Viejo antes de
ser viejo, se fue a bolina.
Habló una vez en voz alta,
le daba el agua hasta los
hombros, alzando el ceño
me mostró el horizonte, y
dijo Euménides, destino del
Atrida, voz contundente:
ahí estaremos. Anoche
soñé con un pueblo de
calles sin asfaltar en
algún sitio embarrado de
Polonia, giraba un carricoche
hacia una bocacalle, de
perfil me vi (soy mi padre)
(y ahora soy padre de mí
mismo) no me esperaba
Egisto, el rey de la isla de
Pilos no atendió a mis
preguntas, saca al polaco,
es otro mar, otro malestar,
hubo asimismo alegrías
numerosas, terrazas, enea,
crujidos, somnolencia
vivificadora, un gran
silencio repentino tras
las persianas: Onán Onán,
soy muchacho. Obra la isla
en mí, es perpetua. Cetro es
la isla, al tercer golpe se abre
la puerta (Eliot el búho
Apollinaire, entraron): yo
tengo veinte años, ya sueño
lo nunca habido, el Cartujo
en su celda. Guíame, Padre,
por entre hileras de hicaco,
ya pronto darán las ocho,
se cierra el número. Un
boquete hay en Egipto, por
la cara de la pirámide corre
un río, cuatro afluentes, a la
Isla: una habitación. Guíame,
Cronos, adentro (péndulo y
punto) a tu abstracción. Tocan,
quién vive, a cada mudanza
interpondré los libros, y a
cada desastre (pues es la
condición) me sentaré de
nuevo a releer los libros sobre
mi regazo: yo soy la madre
atenta y paridora de la alfabética
distancia: con la letra, la Isla;
con la figura de la letra, la
figura de la Isla: un hombre
la compone y recompone, y
muere. Y la muerte lo baja;
muere la coronilla, y muere
de los ojos a la palabra a sus
genitales. Tribulación.
Tribulación del muerto.
Recorrido de la hormiga
en la cuenca vaciada; la
avispa en la configuración
de la boca; y qué animal lo
agota lamiendo y
reconfigurando (allá) sus
partes bajas: en verdad soy
de carne, muslo del Viejo,
postizo de su cadera. Se
desportilló mi padre, a
dos bastones huecos de
latón, caminotea mi madre.
Ventrílocuo de ambos, yo:
en boca cerrada, etc.; mis
palabras caigan en saco roto.
Y por el descosido del dril
viejo del saco me fumaré
en su nombre (el nombre
de la Isla) para una última
ocasión un veguero.

 

Gift

A man is an island, he strides his islets—guano. He tells his story to the

air and descends to his Annunciation. By twisting
the Word he becomes the First Person. I see him now,
he embodies I, he’s scared: shocked, panicked. A man
isn’t any island, he’s Cuba: an island surrounded by
water on all sides except the top: the jokes of the Old
One were old before he was old, nobody listens. Once
he spoke out loud, the water up to his shoulders,
raising his eyebrows he showed me the horizon and
said, Eumenides, the fate of the Atridae, his voice
commanding: that’s where we’ll be. Last night I
dreamt of a town with unpaved streets in a muddy
corner of Poland, a cart was being driven towards a
crossroads, I saw myself in profile (I am my father)
(and now I’m father to myself) Aegisthus didn’t wait
for me, the King of the isle of Pilos didn’t listen to
my questions, get rid of the yid, it’s a different sea, a
different annoyance, he had many pleasures also, ve-
randas, bullrush, crackling, refreshing somnolence,
a great and sudden silence behind the blinds: Onan,
Onan, I’m a boy. The island works in me, it’s end-
less. The island is a scepter, at the third knock the
door is opened (Eliot, the owl, Apollinaire, entered):
I’m twenty, I dream now of what’s never happened,
the Hermit in his cell. Guide me, Father, between
rows of hicaco, son it will be eight o’clock, the num-
ber is closed. There is an opening in Eygpt, a river
with four tributaries flows to the Island through the
face of the pyramid: a room. Guide me, Cronos, (pen-
dulum and point) within, to your abstraction. They
knock, who’s there, I will place books in the path of
each change, and at each disaster (its nature is such)
I sit myself down to reread the books on my lap: I
am the attentive mother and the brood mare of al-
phabetic distance: the letter producing the Island;
the letter’s shape producing the Island’s shape; a
man writes it and writes it til he dies. And death
brings him low; the top of the head dies, and he dies
from eyes to words to genitals. Sorrow. The sorrow
of the dead. The way of the ant in the empty socket;
the wasp in the space of the mouth; and what ani-
mal (down there) wears it out licking, reshaping its
lower parts: the truth is I’m flesh and thigh of the
Old One, an artificial hip. My father was chipped,
my mother staggered on two hollow canes. I’m both
their ventrioloquists, my mouth closed, etc., let my
words fall into a torn sack. And through the rip in
the old drill of the sack in his name (in the name of
the Island) I’ll smoke a cigar for the last time.

Translated by Mark Weiss.

‘Sylvia, Do You Remember’, and ‘Gift’ are taken from Stet, a selection of Kozer’s poems
edited & translated by Mark Weiss, New York: Junction Press, 2005.

 

De los nombres

from No buscan reflejarse, Havana: Editorial Letras Cubanas, 2001.

Qué nombre le va a poner, o Juana, o Fernandina, o la

dejamos quieta: ¿y tiene
o tendrá pareja?

Se afinca a sus arrecifes, mas si suelta un pie, la Isla

vuela a su garza y de la
garza a su aura tiñosa y
de su aura, torcaza: y
ahora se dio vuelta a
Oriente, a su nacimiento,
y con Ella por Maisí
regresamos a nuestro sitio:
mango, semillón, y el
centeno averiado por
el cornezuelo, ergot,
ergot, Gott in Himmel,
la pajarera herrumbrosa
en la habitación trastera
se abre a su vacío de
tomeguines, nos cayó
gorgojo, alza el rostro
y verás la Ceiba del patio
infestada de totíes: pobre
pobre pájaro bienhechor,
culpable de la culpa
inmemorial de haber
nacido, la Isla.

Sujeta a una flora y fauna expectorantes, fuera y fuera,

solavayan, váyanse ya, a
otra cosa, mariposa, somos
tres sobran dos, y quien queda
(apaga y vamos) aguarda su
Anunciación, murió marzo,
murió el día 25, a respirar
todos parejo en nombre de la
isla asmática, cogerla por el
cuello, arrojarla al Mar: varada
Isla, isla defenestrada, el manatí
lame la costra de tus orillas por
Maisí, volveremos: a tu bautismo,
Cuba; tres narras tres polacos
tres niches tres cubiches a la
Mesa, y el Redentor en su
centro irradiará silencio,
ausencia de palabras, buena
señal para esta gente cotorrera,
subuso y calla, calla lengua,
y volveremos.

Quitando a dos o tres, y bien sabemos quiénes, todos

los héroes (solavaya) de esta
Patria son unos hígados: del
marabú, descendientes; de
picudas hablas heredadas
de sus fornicadores padres,
mejor se atuvieran todos a
guapear menos, guachinear
más, y sentarse en el muro
de espaldas a la ciudad a
fumar a solas: un poco de
soledad, caballeros, hace
falta. Falta que hace, verracos:
abran paso; por un desfiladero
llegará volando, pajarito
parejero, el zunzún.

Ola y ola, aguas lustrales, salió el sol. Yo me llamo

José, fumo bebo tiemplo
escribo no me meto con
nadie, es ideal: y por rieles
empíreos oigo el tres de
una guitarra, por su esfera
vuelvo a la cúpula de una
casa de mampostería,
observatorio y lucerna
(oriundo paraíso de
rascabucheadores) soy            
pequeño. No hubo nada,
nada pasó, fue todo un
error pequeño de la
percepción de quien vive,
quien anda, se traspapela
y ofusca, elucubra que si
la acción del tiempo que
el diablo son las cosas o
que por si las moscas, vaya
vaya, tanta cosa: soy Juan
soy híbrido, estoy a un
paso de toda historia,
y viceversa en su espejo
de aguas me leo (manatí)
releo la Isla, su verdadero
nombre es Yagua (Balboa,
cómo se llama) yara yarey,
pongámosle de una vez por
todas Áglaye, Alecto o qué
por falta de mejor palabra.

 

Concerning Names

What name shall we give her, Juana, or Fernandina, or should we

just leave her alone, and does she
or will she have a partner?

She’s rooted to her reefs, but if she puts her foot down, the Island

flies to her heron and from the
heron to her buzzard and
from her buzzard, a wood dove and
now she turns toward
Oriente, toward her birth,
and with Her by way of Maisí
we return to our location:
mango, large seed, and
rye blighted by
fungus, ergot,
ergot, Gott in Himmel,
the rusty birdhouse
in the back room
opens into its void of
finches, a grub fell on us,
raise your face
and you’ll see the ceiba in the courtyard
infested with blackbirds: poor,
poor beneficent bird,
guilty of the immemorial
sin of being
born, the Island.

Subject to spitting flora and fauna,

get out of here, beat it, see
you later, alligator, there are
three of us and that’s two too many,
and whoever’s left (put out
the lights and leave) awaits
his Annunciation, died in March,
died on the 25th, breathing
all together in the name of the
asthmatic island, grab her by the
neck, throw her in the Sea: beached
Island, defenestrated island, the manatee
licks the scab of your shores near
Maisí, let’s return to your baptism,
Cuba, three Chinese three Poles
three Negroes three Cubans at the
Table, and the Redeemer at the
center will radiate silence,
absence of words, a good
sign for this gabby people,
keep it on the down-low, hush-hush,
and we’ll return.

Outside of two or three, and we know who they are, all

the heroes (scram) of this
Patria are a bunch of jerk-offs: of the stork,
descendants; of smooth talk inherited
from their fornicating fathers,
better they should all stick to
throwing their weight around less,
playing it cool more, and sitting on the wall,
their backs to the sea
smoking by themselves: a little
solitude, gentlemen, that’s what
you need.  It’s what you need, dumbbells:
make way; through the gorge, a bold little bird
will come flying, the zunzún.

Wave upon wave, lustral waters, the sun rose.  My name is

José, I smoke I drink I fuck
I write I don’t mess with
anyone, it’s perfect: and through
the empyrean tracks I hear a three-stringed
guitar, through its sphere
I return to the dome of a
house of masonry,
observatory and chandelier
(the native paradise of
peeping-toms) I’m
little.  There was nothing,
nothing happened, it was just
a little error of
perception of who’s there,
who goes there, who’s getting lost
and confused, elaborates that if
time’s action that
it’s a hell of a thing or
that just in case, c’mon now,
such a fuss: I’m Juan
I’m a hybrid, I’m a
step away from all history,
and vice versa in her mirror
of waters I read (manatee)
I reread the Island, her true-true
name is Yagua (Balboa,
or whoever) yara yarey,
let’s set it down once and
for all Aglae, Alecto, or whoever
for lack of a better word.

Translated by Christopher Winks.

 

Camisa nacional

La planchadora escamotea la imperfección de

la camisa colgada ahora
en percha de hierro dentro
del escaparate cerrado a
cal y canto, bolas de
naftalina en los bolsillos
de la camisa, un primer
punto de moho en el ojal
de la solapa, color tabaco
el punto primero de la
putrefacción en el sobaco,
en el hilo, la trama de la
camisa: apremio de un
inusitado descosido en
ciernes, queda atrás,
ya lejano, el dos por uno
de la oferta, y aquel
excedente del almidón
que les echaban a las
camisas del colegio,
trepar la cuesta en el
calor de las dos, la
tétrica Matemática a
la vista, el esqueleto
salía del escaparate y
se ponía a enumerar
reglas y ordenamientos,
un lado igual o desigual
a otro las fórmulas,
caminos por donde no
se puede deambular: no
hay repechos, cúspides
ralas o de grama
invadidas, arbustos, un
bisonte de nieve, truncar
la altura, encima no hay
nada, sólo bajada y nada
más que bajada, a causa
del calor quitarme la
camisa, es más,
despojarme, y al llegar
a casa colgarla recién
planchada por manos
de criada, salvaguarda
de la madre, la madre
es la criada, guardiana
de las criadas que
pasaron por casa: cerrar
batientes, hojas a cal y
canto, bolas de naftalina,
el alcanfor de los muertos,
sales de olor de los
moribundos, y sin tener
que rasgarme las
vestiduras, jamás volver
a ver la camisa de algodón
cinco veces oblicua a la
semana a la hora de subir
la cuesta: ved la camisa
revestida de sí misma,
cual estafermo hueco,
estantigua pasada de
mano en mano, camisa
de trasmano ajada, la veo
entrar a un patio sin
resurrección, once peldaños
de la escalera trasera al
salón imaginario de entrada,
siete ventanas a un solo
lado: pared de fusilamiento:
acta inmovilizada la lección 
de la tarde, clase de
Matemática, tragar en
seco que nuestro nombre,
atención, va ser nombrado,
sudor perlado la frente, las
sienes, el cuello agrio, de
pie nos despeñamos
mientras recitamos las
fórmulas que nunca
cuadran: es así que nos
toman la lección del día,
lección que aprendemos
que no aprendimos,
bien hicimos.

Reconforta saberlo: expectante el botón blanco de la

rosa de trapo para el
ojal de la solapa, el
yugo de oro de un
quilate bajo para el 
día de la fiesta de
gala, siempre pasado
mañana y nunca jamás:
la camisa reglamentaria,
la corbata sepia, botones
nacarados, y el traje de
gabardina color azul de
Prusia para los actos
martianos, vanagloria
del señor Director.

Ya se metió la hormiga a trastear con la camisa en

el escaparate cerrado,
seguro la carcoma la
orienta por el camino
que lleva a la camisa
colgada de la percha
de hierro, no habrá ni
hay escapatoria para
la carcoma y la hormiga
cuyo cometido es alcanzar
el punto inicial del hilo que
forjó la camisa, el punto
de la madera vuelto anillo
concéntrico, falaz el
algodón, falaz la madera.

Caiga al lodo, veamos descolgarse la camisa con el

monograma sepia desteñido,
el almidón grisáceo y
quebrantado de la
planchadora, veámosla
caer al fango y mancharse
con indeleble manchón
un sobaco, un bolsillo, 
un pliegue dentro de un
repliegue interior.

Y yo mismo pisotearla, apisonarla hasta volverla

embutido en sí embutida
para empotrar a la
pisoteada bajo tierra, y
amortajarla, entre crujidos
de una madera noble, noble
y nacional, partirla en dos,
dos por seis por el eje la
Isla.

 

The National Shirt

The iron wipes away the imperfection of

the shirt now hung
on a metal hanger inside
the closet shut
firmly and securely,
mothballs in the shirt
pockets, a first
spot of mildew on the lapel
button, tobacco-colored
the first spot of
putrefaction on the armpit,
on the linen, the weft of the
shirt, urgency of an
unusual open seam
in blossom, the two-for-one
sale, now remote, is left
behind, and that excess
starch they threw
on the school shirts,
climbing the hill in the
2 p.m. heat, dismal
math in sight, the skeleton
fled the display window and
started enumerating
rules and regulations,
one side equal or unequal to
another, formulas,
paths that can’t be
trodden: there are no slopes,
no summits whether sparse
or invaded by crabgrass,
shrubs, a snow bison,
shorten the height, above
there’s nothing, just a drop
and nothing but a drop, taking
off my shirt because of
the heat, more than that,
stripping, and on reaching
home hanging it newly
ironed by the maid’s
hands, the mother’s
safeguard, the mother’s
the maid, guardian
of the maids who
passed through the house:
shutting doors, windows
tight, mothballs,
the camphor of the dead,
salts smelling of
the dying, and without
having to rend my
garments, never again
seeing the cotton shirt
slanted five times a week
when it’s time to climb
the hill: behold the shirt
clothed in itself,
like a hollow dummy,
a scarecrow passed from
hand to hand, shirt
crumpled by persons unknown,
I see it entering a yard
without resurrection, eleven
steps on the back staircase
to the imaginary entrance hall,
seven windows on a single
side: execution wall:
immobilized certificate
the afternoon lesson, math
class, swallowing hard because
our name, watch out, will be called,
sweat beading the forehead,
the temples, sour neck, standing
we fall headlong
as we recite the
formulas that never
add up: that’s how they
test us on the day’s lesson,
a lesson we learn
that we didn’t learn,
we did well.

It’s reassuring to know: expectant, the white bud of the

cloth rose for the
lapel buttonhole, the
golden, low-carat
yoke for the day of the
formal party, always the day after
tomorrow and never again:
the regulation shirt,
the sepia tie, mother-of-pearl
buttons, and the gabardine
Prussian blue suit for the patriotic
ceremonies, vainglory
of the Headmaster.

The ant’s already started messing around with the shirt in

the closed wardrobe,
for sure the termite’s
showing him the way
to the shirt hung from
the iron hanger, there won’t be
nor is there any way out for
the termite and the ant
whose mission is to reach
the starting point of the thread
that shaped the shirt, the point
of the wood become a
concentric ring, deceptive
cotton, deceptive wood.

Let it drop into the dirt, let’s watch the shirt slide down with

its discolored sepia monogram,
its grayish starch burned by
the iron, let’s watch it
fall into the mud and get stained
with an indelible stain
an armpit, a pocket,
a fold within an
inner crease.

And I myself trampling it, crushing it until it becomes

stuffing packed into itself
to embed the trampled thing
underground, and shrouding it,
amidst the creaking
of a noble wood, noble and
national, split it in two,
two by six by the axis the
Island.

Translated by Christopher Winks.

 

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